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HISTORIA

A los pies de Sierra Nevada se encuentra Granada, la antigua ciudad íbera de Iliberri, que posteriormente se transformaría en la importante ciudad romana de Florentia Iliberritana y tras la ocupación musulmana de la península sería Garnata, capital del último reino hispano-musulmán, el reino nazarí, que duraría hasta la finalización de la ocupación musulmana, tras lo cual el nuevo estado moderno la transformó en una ciudad renacentista europea a la imagen de las nuevas urbes europeas, pero con un gran respeto con la antigüedad profunda de sus raíces.

Los íberos la llamaban Iliberri, los romanos Municipium Florentinum Iliberritanum, los visigodos Florencia, pero hasta 1013, cuando la dinastía berebere de los ziríes establece allí su taïfa, se amplía la ciudad y se refortifica la antigua ciudad íbera y romana y se levantan nuevos cinturones defensivos.

Como prestigioso vestigio de la arquitectura hispano-musulmana, la Alhambra y su fortaleza domina, desde la colina de la Sabika, tanto el antiguo y pintoresco barrio del Albaicín, centro primitivo de la ciudad antigua, como la cercana vega de Granada, que los romanos denominarían Florentia.

Albaicín

El barrio del Albaicín fue declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad en 1994 por la UNESCO. Sus estrechas calles, con un encanto popular e íntimo, invitan a pasear y descubrir la ciudad.

En su límite inferior, durante el Renacimiento se levanta en una zona no ocupada por viviendas una nueva calle, representativa, la más emblemática de la Granada actual: la Carrera del Darro, al final de la cual se encuentra el «Paseo de los tristes». Esta calle deja ver el curso del Río Darro, antiguo Dauro romano, con dos puentes de teja y piedra tallada.

Los peregrinos mozárabes durante la ocupación, y posteriormente tras la Reconquista, comenzaban en ella el actual Camino Mozárabe, una de las rutas principales para peregrinar a Santiago de Compostela, y tal es su belleza que inspiró al famoso poeta granadino Federico García Lorca.

El Palacio es un ejemplo arquetípico de la imagen clasicista que la ciudad de Granada se otorga durante las transformaciones renacentistas que comenzaron en el siglo XVI. Fue levantado por el Marqués de Sálar, bisnieto tanto de Hernán Pérez del Pulgar (conocido con el nombre «El de la Hazañas») y de Gonzalo Fernández de Córdoba (El Gran Capitán) Capitán General de las huestes castellano-aragonesas que finalizaron la Reconquista peninsular.

Por tanto, su Palacio no podía ser menos prestigioso que la valía de sus ancestros. Construido en dos plantas con una superficie de 1500 m2, sigue la arquitectura arquetípica del palacete renacentista de la transformación clasicista de Granada, con un majestuoso patio de más de 130 m2 y una gran sala que da al jardín.

Durante las últimas décadas el edificio se había ido abandonando por la dificultad de incorporar nuevos usos a los tiempos actuales.

Para la renovación y realización de nuestro magnífico proyecto hemos respetado íntegramente la esencia del edificio, sus evoluciones estructurales y el saber hacer de la artesanía tradicional.

Estamos orgullosos de abrirte las puertas del PATIO DE LOS PERFUMES, lugar imprescindible y reflejo del encanto del pasado y de la elegancia actual al mismo tiempo.